El peregrino que se compromete a recorrer el Camino Blanco en su integridad es un Ajq'ij, un "servidor del sol". "Chamán" y "sacerdote" de los antiguos linajes mayas. Él está encargado de dirigir el Xuculem, la Ceremonia de Fuego. Es "chamán" pues es aliado de las fuerzas sutiles de la naturaleza, las cuales curan por su medio y orientan a quién lo pide a través del sabio uso del Tz'ite'. Este es el "envoltorio sagrado" que contiene las 260 semillas con las que se hacen claros los designios, las causas ocultas y los efectos de nuestros actos.

 

   El Ajq'ij es "sacerdote", pues en virtud de su propia experiencia espiritual es capaz de estimular la misma experiencia en los miembros de su comunidad. Es un conocedor de Sagrado Calendario Cholq'ij, en donde se hacen claros los misterios del tiempo. Sabe leer el "instrumento de visión", el Popol Wuj. Texto sagrado y mapa que guía a todo aquel que sigue la senda del Camino Blanco.

 Una de las facetas menos comprendidas de los pueblos mesoamericanos, y muy especialmente entre los mayas, es su interés científico, mágico y religioso en los fenómenos del cielo. Esta manera holística de ver las cosas es ajena al pensamiento moderno. Pero el hecho innegable es que para los mayas, incluso hoy en día, el estudio del cielo es astrología y que la ciencia que la ciencia que se aplica a partir de dicha astrología es un tipo de teúrgia o magia sagrada de alto nivel.

 

  Sabemos por la arqueoastronomía (rama de la ciencia que estudia las bases astronómicas de la arquitectura y urbanismo de antiguas civilizaciones) y por estudios etnográficos que entre los mayas de ayer y de hoy, tanto el más asombroso templo, como la más humilde casa guarda en su construcción un patrón cosmológico.

 

  Los mayas que conservan sus tradiciones espirituales siguen la antiquísima obra de traer el cielo a la tierra con sus acciones rutinarias. El ajq'ij, el chamán-sacerdote maya de la actualidad sigue las mismas pautas en sus Ceremonias de Fuego.

 Siguiendo este poderoso simbolismo podemos decir que la meta última del Camino Blanco es revelarle al ser humano su verdadera naturaleza divina y su eternidad inherente. Es una senda hacia la sacralidad de uno mismo. Es una vía hacia el despertar de la esencia espiritual que habita en estos cuerpos.

 

  El que se adentra en el Camino Blanco debe sostener su peregrinaje sotre Tres Pilareslos ancestros (Nan Tat), la naturaleza (Kaj - Uleu) y el misterio del espíritu (Tyox).

 

   Esos Tres Pilares son los que conforman su origen. En la medida que el peregrino reconoce, siente, vive y disfruta del triple origen de su cuerpo y personalidad, su verdadera naturaleza se irá haciendo más clara. Con ello se revelará también su función en el mundo y la manera de realizarla.

 

    Pero paralelamente al descubirmiento de su origen y antes de reconocer su naturaleza divina, el peregrino tendrá que enfrentarse a su propio egoísmo (Wuqub' Kaqix), al menosprecio de la sociedad establecida (Jun B'atz' Jun Chuwen) y a fuerzas espirituales adversas a la humanidad (Señores de Xibalba).

 

  Los Saqb'eob' o Caminos Blancos son pues un reflejo terrenal de esas sendas cósmicas. Sin lugar a dudas chamanes-sacerdotes y reyes sagrados (ahauob') los transitaron en estado de éxtasis místico. Probablemente lo hicieron tras haber invocado y/o incorporado por medio de ciertos "ejercicios rituales" a las Grandes Autoridades del firmamento.

 

  Con certeza sobre estos Caminos Blancos se desplazaron peregrinos, se hicieron procesiones y ceremonias siguiendo los ritmos del Sagrado Calendario Maya. Y aún en su función económica, política y geo-estratégica quién lo surcó no pudo evitar recordar la sacralidad del recorrido.

 

   Hubo saqb'eob' en el pasado maya más remoto, pues auténticas autopistas han sido encontradas en El Mirador, un sitio afamado del pre-clasico maya. Y digo autopistas, pues las dimensiones de los sacb'eob' son muchas veces gigantescas por su ancho, altitud y longitud. Tal es el caso del Saqb'e entre Kabah y Uxmal, iniciado y terminado por sendos arcos de evidente función ritual.

 

 Ahora bien, alguien podría decir que he afirmado a la ligera y sin fundamento que estas líneas terrestres sean análogas a las vías celestes. A este respecto se deben dejar claras dos cosas. La primera es que algunos estudios serios ya señalan que algunas de estas vías siguen alineaciones astronómicas. Y la segunda es que sin importar el rumbo que estas estructuras sigan el hecho determinante es que a la Vía Láctea se le llamara Saqb'e o Camino Blanco.

 

  Esta formación fue también el Árbol Sagrado que como todo axis mundi de las viejas tradiciones es el hilo conductor que une los tres mundos: el cielo, la tierra y el inframundo.

 

  Este Árbol Precioso, la Vía Láctea viene representado en Palenque, tanto en el Complejo de las Cruces como en la lápida del sarcófago de K'inich Janaab' Pakal o Pacal el Grande. Pero también se puede ver en nuestros días en la adoración sincrética y pan-maya a la cruz... reflejo de ello, en mi opinión, es entre otros muchos el Cristo Negro de Esquipulas. 

 

  La Vía Láctea fue identificada con la gran divinidad creadora Itzam Na y a su vez, con la Sagrada Ceiba. Por ella ascienden aquellos que se han realizado y elevado de su condición limitada y mortal para integrárse a su origen divino, llegando a ser así, parte de los Grandes Abuelos y las Grandes Abuelas.

Reflejar el cielo en la tierra 

 

 La sacralidad de los antiguos Saqb'eob' perduró al punto de que en el año 1840, el explorador inglés John Lloyd Stephens afirmó que gentes mayas realizaban oraciones antes de pasar por un Saqb'e, aunque éste hubiese sido cubierto por la selva siglos atrás. 

 

 Y no es de extrañar esta perdurabilidad del sentimiento devocional maya hacia un Saqb'e de la antigüedad, pues en gran medida ellos representaron aquí, en la tierra, las sendas de los astros en el cielo. Son imitaciones de las rutas por donde se mueven las Grandes Autoridades celestiales.

 

  Antes de seguir hay que entender lo siguiente: desde la perspectiva de la cosomovisión maya estos astros no son formas de materia inerte. Para aquel que sigue la senda espiritual maya cada planeta, cada estrella o conformación celestial es en verdad un centro de vida e inteligencia superior que afecta en alguna medida el desarrollo de los eventos humanos.

 

  De ahí la sacralidad que para el maya tiene el sol, la luna, la tierra misma, venus y las demás luminarias. Cada una dibujando en el cielo los designios de la humanidad. Cada una SIGUIENDO SU CAMINO por la bóveda celeste como seres sagrados de gran poder y virtudes divinas.

 

  Los Saqb'eob' o Caminos Blancos son definitivamente un reflejo terrenal de esas sendas cósmicas. Sin lugar a dudas chamanes-sacerdotes y reyes sagrados (ahauob') transitaron los Saqb'eob' en estado de éxtasis místico. Probablemente lo hicieron tras haber invocado y/o incorporado por medio de ciertos "ejercicios rituales" a las Grandes Autoridades del firmamento.

 

  Con certeza sobre estos Caminos Blancos se desplazaron peregrinos, se hicieron procesiones y ceremonias siguiendo los ritmos del Sagrado Calendario Maya. Y aúnque su fución también fue económica, política y geo-estratégica quién lo surcó con esos fines no pudo evitar recordar la sacralidad del recorrido.

 

 

   Los saqb'eob' fueron usados para representar las vías celestiales de los planetas desde el pasado maya monumental más remoto, pues auténticas avenidas han sido encontradas en El Mirador, un sitio afamado del pre-clasico. Y digo "avenidas", pues las dimensiones de los sacb'eob' son muchas veces gigantescas por su ancho, altitud y longitud. Tal es el caso del Saqb'e entre Kabah y Uxmal, iniciado y terminado por sendos arcos de evidente función ritual.

 

 Ahora bien, alguien podría decir que he afirmado a la ligera y sin fundamento que estas líneas terrestres sean análogas a las vías celestes planetarias. A este respecto se deben dejar claras dos cosas. La primera es que algunos estudios serios ya señalan que algunas de estas vías siguen alineaciones astronómicas. Y la segunda es que sin importar el rumbo que estas estructuras sigan el hecho determinante es que a la Vía Láctea se le llamara Saqb'e o Camino Blanco.

 

  Es decir, los Saqb'eob' más allá de tener una correlación directa con las vías aparentes por donde circulan los planetas y constelaciones, llevan implícita una carga simbólica que los asemeja a ellas. El Camino Blanco como SÍMBOLO de una realidad celestial es el punto a tener en cuenta.

 

  La Vía Láctea es la gran calzada de los cielos y la eclíptica es la senda por donde circulan las Grandes Autoridades del firmamento maya. Estas sendas forman una Gran Cruz, la cual configura el diagrama base en donde se diseña toda la Cosmovisión Maya. El que sigue el Camino Blanco debe familiarizarse con dicha Gran Cruz, la Gran Ceiba o Árbol Precioso y su signficado si quiere llegar a comprender los misterios de la Sabiduría Ancestral Maya. (CONTINUARÁ)

 

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